jueves, 18 de abril de 2013

Con mucha presión se rompe el cascaron

El deseo normal de todos los padres es ver crecer y desarrollarse sus hijos dentro de un marcho sano y estable, que ellos alcancen el éxito en todos los ámbitos, en la salud, la educación, el amor y en lo económico. Esto hace que estemos constantemente encima de ellos, mirando, analizando y orientándolo para que puedan alcanzar "Las metas"; encierro entre comillas las metas, pues aquí he que tenemos que tener mucho cuidado, pues tendemos a ponerles nuestras metas y no las que su personalidad y preferencia desean alcanzar; si nosotros sonamos con hacer algo y no lo logramos, queremos que nuestros hijos si lo logren, sin antes preguntarles a ellos si eso es lo que desean.

Por otro lado nuestro buen deseo de que ellos sean exitosos, hace que seamos egoístas con ellos y que actuemos como capataces de una plantación de esclavos, golpeándolos con el látigo constantemente, limitándoles espacio y tiempo, no dejándolo vivir su momento; con esto no quiero dejar dicho que no debemos supervisarlos, corregirlos y orientarlos, esta es nuestra responsabilidad, pero si debemos siempre analizar la forma como lo hacemos, pues si ponemos mucha presión romperemos el cascaron y al final lo que tendremos es un revoltillo; por un tiempo harán lo que nosotros queremos que hagan, sin embargo luego de llegar a una etapa de libertad, es probable que abandonen ese camino que le pautamos y de terminarlo no sentirán pasión en lo que hagan, siempre tendrán ese vacio interior y esa necesidad de haber hecho algo que realmente deseaban.

Hay que orientarlo en base a sus preferencias, hacerlos aterrizar con informaciones, no con obligaciones y terror, que ellos analicen las cosas, no nosotros por ellos, que ellos aprendan a tomar sabias decisiones, que sean auténticos y originales, no una mala copia hecha de nosotros. Vive y Convive.