martes, 9 de noviembre de 2010

Porque los hijos no quieren marcharse luego que son Adultos

Recientemente estaba conversando con varios amigos y familiares que tienen hijos adolescentes y mayores de edad, de que hoy en día luego que los hijos se hacen adultos, se quedan viviendo con sus padres y no se ve en ellos las intenciones de hacer su propia familia; le decía que esto se debe a que ellos están bastantes cómodos, viviendo con todas las facilidades y servicios, por lo tanto, no van a dejar ese estado de bienestar tan fácil; mientras que nosotros, cada día se fortalecía la necesidad imperativa de hacernos adultos e independizarnos, para poder tener las cosas que nuestros padres nos negaban o simplemente no podían darnos.

Por estas razones tenemos adolescentes que no quieren estudiar, no quieren tomar responsabilidades en sus vidas, pues ellos entienden que la vida de comodidades que poseen nunca se acabara y por ende no tienen necesidad de sacrificar sus vidas y su tiempo. Mientras nosotros decidimos prepararnos, trabajar para conseguir una mejor vida e incluso brindarles a nuestros una mejor vida también.

Le decía, que yo en cierta forma los comprendo y que cualquiera que tenga su pensar, también haría lo mismo, pues ¿Quien no quisiera vivir con todas las comodidades sin tener que hacer un minímo esfuerzo? ¿Quién no le gustaría tener una casa con cama, comida abajo o quizás a ningún precio, vehículo, agua y energía eléctrica permanente? Pues queremos que ellos tengan, lo que nosotros no tuvimos; llenar nuestro ego, dando a nuestros hijos lo que nuestros padres no nos dieron.

Entonces ¿De quien es la culpa o la responsabilidad de la decisión que hoy nuestros hijos toman?, bueno, de nosotros mismos; ya que somos nosotros los que los aprovisionamos de todo lo que tienen y quizás no hemos sido fuertes en hacerles entender que esas comodidades tienen un precio a pagar, que no vienen desde el cielo, sino que son fruto de sudor y lagrimas; talves ellos pudieran apreciarla un su justo valor y dedicarse a mantenerla por toda la vida, para que sus hijos también puedan disfrutar de lo que ellos también están disfrutando.

Los vagos de hoy son frutos del consentimiento y la falta de responsabilidad de los padres del ayer. El amor hacia un hijo, no solo se demuestra con darle todo lo que pide y exige, sino también con hacerle saber que el mundo es mucho más de lo que él puede ver.

Por todo lo demás, es nuestra responsabilidad brindarles amor, ternura, comprensión, alimentación, educación, salud y diversión, pero también enseñarlos a Vivir y Convivir.